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¿Por qué los adultos "se quitan"?

  • Foto del escritor: Elsa Figueroa
    Elsa Figueroa
  • 29 jun
  • 3 min de lectura

Dar clases de danza a adultos es sumamente gratificante: siempre están ahí voluntariamente, porque genuinamente quieren aprender, y se puede hablar de muchos temas en mayor profundidad.


Pero también supone un reto: no hay nadie ahí obligándolos a llegar, a cumplir con ensayos, ni nadie que esté pendiente de sus cosas. Los adultos también por lo general tienen muchas responsabilidades, luchas, horarios complicados y, a veces, por más que quieran, no siempre se les hace posible hacer espacio para el baile en sus ajetreadas agendas.


Pero más allá de los obstáculos de logística, a veces las ideas con las que llegamos a las clases nos pueden jugar en contra. En mi experiencia, los adultos muchas veces llegan con una serie de ideas y expectativas, ya que buscan obtener algo a través de esa práctica.


Por ejemplo, muchas personas llegan a la danza árabe en particular para conectar con su cuerpo, o buscando un ejercicio de bajo impacto o porque quieren sentirse más femeninas. Es común también que las mujeres lleguen a estas clases durante procesos de transición, como divorcio, jubilación, la salida de los hijos del hogar, una pérdida, etc.


Estas ideas y expectativas inciden grandemente en cuán sostenible se vuelve la práctica que hayan elegido. Si uno llega a una clase de pilates porque se quiere ver como Demi Moore, y al cabo de seis meses de disciplina y constancia no hay un cambio físico notable, muchas personas tenderán a desanimarse. Y aunque algunas se darán cuenta de que se sienten mejor, son más fuertes y están más conectadas con su propio cuerpo, otras pensarán que están perdiendo el tiempo y desistirán para moverse a otra cosa que sí les ayude a lograr lo que realmente quieren, que es verse de x o y manera.


Esta es la razón número uno por la que la gente se quita. Pero hay otras.

La expectativa de que "me salga" pronto, desde la primera clase, hace que muchas personas se desanimen también por pensar que simplemente no tienen la capacidad de lograrlo. "Es que mi cuerpo no se mueve así" o "no tengo la soltura". Piensan que uno ya llega con la posibilidad de realizar un movimiento, y no se permiten trabajar para lograrlo.


Entonces, las razones principales por las que la gente se quita pueden resumirse así:


-Número uno: porque la razón para tomar la clase no tiene el peso suficiente para sustentar una práctica a largo plazo.

-Número dos: porque hay una expectativa errada de que con ir a clase ya es suficiente para que las cosa "me salgan".


En realidad, la recompensa que puedes obtener de cualquier práctica o disciplina está en realizar el trabajo mismo. Es decir, es en el proceso de esforzarte por entender cada postura de yoga, perfeccionarla día tras día tras día, aprender a controlar tus respiraciones, de donde sale la recompensa de practicar yoga. Y es en el proceso de practicar tus shimmies y tus ochos y tus omis, y de esforzarte por aprender esa coreografía, que logras obtener un mejor entendimiento de tu cuerpo, de lo que puedes lograr y de tus verdaderas posibilidades.


Cuando te retas de esta manera a seguirlo intentando a pesar de que aún "no te sale", y terminas por lograrlo, redefines en tu mente los límites de los que eres capaz. Y una vez haces eso, el resultado es transformador.

 
 
 

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